Mi experiencia en Alemania trabajando en granito marcó un antes y un después en mi relación con los materiales y con la propia práctica escultórica. El granito es un maestro exigente: duro, pesado, implacable, pero también generoso con quienes saben escucharlo. Llegar a trabajar directamente en el lugar donde se extrae, rodeado de montañas vivas y bloques recién abiertos de la tierra, fue conectar con el origen mismo de la materia. Allí comprendí que tallar granito no es solo una cuestión técnica, sino un ejercicio de paciencia, resistencia y respeto profundo.
Durante el evento tuve la oportunidad de aprender de escultores con décadas de experiencia, maestros que han dedicado su vida a entender el material golpe a golpe. Su manera de trabajar —precisa, consciente y humilde— me mostró nuevas posibilidades, desde técnicas avanzadas de corte y desbaste, hasta formas de leer la veta, anticipar fracturas y dejar que la piedra sugiera el camino. Cada conversación, cada demostración espontánea en el taller al aire libre, se convirtió en una clase magistral.
Pero lo que realmente hizo especial esta experiencia fue el ambiente familiar que define este encuentro. No era un evento competitivo, sino un espacio horizontal donde todos —jóvenes, veteranos, organizadores y habitantes del lugar— compartíamos como iguales. Las comidas colectivas, las pausas con café y las risas en medio del polvo de piedra crearon un sentimiento de comunidad inesperado y profundamente humano. Allí comprendí que es posible trabajar en materiales extremadamente exigentes sin perder la calidez, la cercanía y el sentido de colaboración.
Trabajar en Alemania me permitió no solo perfeccionar técnicas, sino también reforzar el valor del intercambio cultural y artístico. El granito, con su dureza ancestral, me enseñó a afinar la paciencia, a aceptar los tiempos de la piedra y a disfrutar el proceso tanto como el resultado. Y la comunidad que encontré allí me recordó que la escultura, incluso en su expresión más fuerte y pesada, puede ser también un acto colectivo, lleno de aprendizajes compartidos y conexiones duraderas.



